Buscando la gloria de Dios en medio del hebel

Buscando la gloria de Dios en medio del hebel
Photo by Ben Koorengevel / Unsplash

Si existe una manera de expresar el anhelo más profundo de mi corazón, debe ser mediante las palabras que dan título a este post. Te comparto por qué.

Hebel es la primera de las palabras pronunciadas por el Predicador en su largo discurso conocido como Qohelet, el Predicador, o bien, el Libro de Eclesiastés.

Quizá te suene la frase:

«Vanidad (hebel) de vanidades (otra vez, hebel), dijo el predicador; vanidad (hebel, de nuevo) de vanidades (adivinaste, ¡hebel!) todo es (¿a qué no sabes?, ¡hebel!) vanidad».

¿No son demasiados hebel para una sola frase? No. Si algo quiere destacar el predicador es que en verdad, todo, absolutamente todo, es hebel. Pero ¿cuál es el significado de hebel?

La RV1960, traduce la palabra como vanidad. Pero no deberíamos confundirla con el énfasis en la belleza que muchos hacen, aunque también esto es vanidad.

Hebel es lo hueco, vacío, efímero. Algo que en lugar de perdurar en el tiempo, más bien se esfuma. Sí, como el humo, desaparece.

Visto así, efectivamente todo es hebel. Todo lo que vemos ahora está desapareciendo poco a poco. La tierra sobre la que estás parado está desapareciendo; la silla sobre la que te encuentras sentado está desapareciendo; donde sea que ahora leas estas líneas, está desapareciendo; tu vista, que capta estas líneas, está desapareciendo. Tú mismo estás desapareciendo.

Todo es hebel. Poco a poco, desaparece.

Salomón, el gran sabio que escribió estas palabras probó de todo: Tuvo mil mujeres, muchísimas propiedades, una sabiduría como la de ningún otro, degustó los mejores manjares, escribió mucho. Pero nada pudo llenar su corazón. Sin embargo, le ayudó a comprender esta realidad: Todo es hebel.

El predicador quiso vivir para sí mismo, y se encontró con ésta, la triste realidad del ser humano. Pero también encontró que el significado de su vida —y la de todo hombre— sólo podría encontrarse en relación con su Creador. Él es quien hace que la vida del hombre no sea más hebel. Él es quien le otorga verdadero significado y valor. Por eso concluye diciendo:

«El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre».

Una vida en reverencia y temor a Dios. Una vida en perfecta comunión con Él. Una vida que busque Su gloria en medio del hebel, es la única manera significativa de vivir. El gran problema es cómo hacerlo, porque guardar los mandamientos de Dios es prácticamente imposible.

Pero para eso nos ha sido dado Cristo. Si el hombre viene a Él, negándose a sí mismo —es más, si muere a sí mismo para que Cristo viva en Él— entonces entrará en una perfecta comunión con su Creador a tal punto de poder llamarlo «Padre». Sólo así encontrará el verdadero significado y propósito para su vida, y vivirá, verdaderamente, para Su gloria.